Mi pésima memoria me llevó a buscar desesperadamente un método riguroso y eficaz para poder recordar cosas. Recorrí bibliotecas, páginas, foros, academias, etc. La gran mayoría eran directamente una estafa, métodos absurdos que estaban encaminados a aliviar la bolsa más que a reforzar los recuerdos. Pero entre tanta paja apareció algo que me dejó gratamente sorprendido. Por una vez no se trataba de una trampa, en una página web recóndita, en un rinconcito, casi invisible un personaje que se hacía llamar “Dreamer” enumeraba media docena de sencillos pasos con los que conseguir aprender cualquier cosa, por difícil y farragosa que resultase, mientras uno dormía.
Los pasos eran muy sencillos, consistían básicamente en repetir una serie de palabras, inconexas, sin sentido alguno, era como murmurar una letanía hasta conseguir un karma que nos dejaba suavemente sumidos en el sueño, antes de dormirnos debíamos colocarnos unos auriculares con una grabación del material que deseábamos recordar y dejarla programada c para que se fuese repitiendo una y otra vez hasta que el sonido del despertador nos devolviese a la realidad.
El método me funcionaba divinamente, tanto era así que empecé a usarlo, primero para memorizar los teléfonos de familiares y amigos, antes no era capaz ni de memorizar mis propios números, luego cosas más complejas hasta que poco a poco me fue aficionando a la memorización hasta el punto de que tenía verdadero afán por memorizar cosas. Me aprendía todas las enciclopedias que tenía en cas, libros de narrativa, de poesía e incluso las facturas del gas o los tíckets de la compra. Era capaz de memorizar, sin esfuerzo, cualquier cosa por extensa y compleja que a priori pudiese parecer.
Todo iba sobre ruedas, era famoso en el pueblo, todos quería comprobar mis bastos conocimientos y mi capacidad para almacenar datos. Me había convertido en un habitual de las televisiones locales e incluso había aparecido en un par de nacionales mostrando mis excelso conocimientos. Fantástico.
Aquella noche me acosté con el debate entre los dos aspirantes a la presidencia del gobierno grabado en mi mp3. Repetí el karma y quedé sumido en un profundo y aséptico sueño lleno de ecos y promesas electorales.
A la mañana siguiente, al despertar, descubrí horrorizado que había olvidado quien era yo…