Egos

•27 febrero 2011 • Dejar un comentario

Se reunían todas las tardes para tomar chocolate. Por sus manos pasaban los destinos de muchas almas y no tenían demasiado reparo en hacer de lo público privado y amasar fortunas y egos cada vez más y más grandes… enormes.

Creían, en serio, que no había nada más amago que el chocolate de la merienda, matar, aplastar, engañar, explotar a su pueblo, eso no era amargura, era derecho divino, para eso eran los más guapos, los más poderosos, los tocados por la mano de Dios.

Apuraban la taza y se relamían golosos, encorsetados en sus uniformes, que por grandes que fuesen confeccionados se quedaban pequeños enseguida. El ego no deja nunca de crecer, como las uñas que siguen creciendo aún después de morir. Nunca es suficiente.

Aplastar, machacar y reírse después, en la mismísima cara del pueblo, apareciendo como caudillos salvadores, magnánimos…, dioses en la tierra.

Pero un día el chocolate se les indigestó, el pueblo había salido a la calle, había dejado de callar, había convertido el silencio en grito y la obediencia ciega en sentido común. No tenía que ver nada con la religión, ni con la cultura, únicamente con la naturaleza humana, esa que nos dice que el chocolate debe ser para todos.

Huesos rotos, disparos, sangre, muertos, gritos, júbilo, dolor, libertad… egos caídos, tirados por el suelo…

Las meriendas ya no iban a ser igual a partir de entonces.

Pantallas

•20 enero 2011 • Dejar un comentario

El televisor de su dormitorio se puso en marcha con un suave “clic”. Lo tenía programado para que lo despertase cada día mostrándoles las cotizaciones de bolsa en el canal de economía.

En el baño, comprobó, tras orinar, su peso en la báscula, un rótulo azul de cuarzo líquido le dio malas noticias.

En la cocina, frente al frigorífico, dispuesto a prepararse el desayuno, comprobó en el pequeño monitor que tenía que comprar queso y cervezas. El display del mircoondas le anunció que su desayuno estaba listo.

Antes de salir de casa, comprobó la temperatura en la pantalla de la estación meteorológica. Demasiado frío, demasiada humedad. Conectó la alarma que protegería su hogar durante su ausencia. ALARMA ACTIVADA. Rezó el cacharro iluminándose.

Tardó un poco en encontrar su destino, se lo indicó al GPS de su coche. RUTA CALCULADA, le respondió con un rótulo fosforescente.

De camino a visitar al primer cliente del día realizó varias llamadas y unas cuantas más al llagar a su destino. Conectó su notebook para mostrarle al cliente algunos esbozos del proyecto que iba a desarrollar para él.

A la hora de la comida eligió el menú consultando la pantalla multitáctil del  tablet que le acercó el camarero. Siguió vagamente las noticias en el televisor de la cafetería del restaurante, mientras contestaba a varios mails.

Al llegar al edificio donde está su oficina se identificó colocando su mano sobre el monitor del terminal de la entrada. Pulso el 37 que se iluminó en la pantalla del ascensor, las puertas se abrieron suavemente. Su jefe estaba revisando la campaña de lanzamiento de un nuevo perfume en la pantalla del gran proyector de la sala de reuniones. Estuvo comentando con él algunos detalles que apuntó punteando sobre la pantalla de su smartphone.

De vuelta a casa eligió una música relajante en la pantalla del salpicadero de su coche.

 

Desconectó la alarma, conectó el televisor en el canal de economía, marcó el código para que el robot de cocina terminase de preparar la cena que le había dejado la asistenta en su ausencia. El monitor del frigorífico ya no marcaba carencia de cervezas así que se tomó una. Revisó las actualizaciones de su red social en el ordenador central de su casa.

Ojeó el último libro que había comprado en su lector electrónico mientras se tomaba el café, café que preparó pulsando el código en la pantalla de su cafetera último diseño.

Después de cenar se sentó en la enorme pantalla del salón, estuvo buscando alguna película que le gustase. Eligió una de ciencia ficción con una nave llena de pantallas parpadeantes que surcaba el espacio en busca de algún signo de vida inteligente. Se durmió antes de descubrir si lo lograban.

Tubo un sueño terrible. Un mundo el que no había ni una sola pantalla a la que asomarse. Por suerte el suave zumbido de su smartphone lo rescató de la pesadilla.

Gilipollas tontalculo

•27 diciembre 2010 • Dejar un comentario

Veo Supercasas, un montón de gilipollas que pretenden enseñarnos cómo debemos vivir los ricos, claro que como somos pobres, al  final lo que pretenden es provocarnos acidez y de paso hacer publicidad de un estudio de arquitectura fashion para gilipollas. Todo esto con una lectura muy superficial, porque si nos concentramos descubriremos que en realidad lo que hacen es mostrarnos un plantel de gilipollas y tontos del culo dejando que ellos mismos se pongan en evidencia. Puede que tengan unas casas espectaculares, u horteras, o las dos cosas, que también pueden ir juntas, lo que está claro, en la mayoría de los casos es que más que las viviendas, los que necesitan unas buenas reformas son sus dueños, empezando por sus cerebros. Amén.

Silence

•13 noviembre 2010 • Dejar un comentario

 

Alguien que obra mal, que tiene malos sentimientos o que directamente es un poco, o un mucho hijo de puta, lo que no soporta es que se aireen sus trapos sucios, así a la buena de Dios, o de Alá o de cualquier deidad dispuesta a ser usada como baluarte de la estulticia humana, alguien que por alguna extraña circunstancia se cree poseedor de la verdad absoluta y no soporta que nadie le enmiende la plana, alguien así de abyecto, cabrón, malnacido y torvo, alguien que se cree con derecho a acallar a los demás con uso de la fuerza, es decir, repartiendo hostias como panes, alguien así lo último que quiere, soporta, admite es que su hijoputez pase a los rotativos, o se emita por las ondas, por internete o por donde sea.

En resumen a los cabrones, y más si son reyes, o reyezuelos, les jode mucho que el mundo se entere de lo gilipollas que son…, como si no lo supiéramos ya.

Podéis incendiar las tiendas, acallar los gritos de justica, pisotear los derechos y matar aquellos que alcen la voz…, a los niños…, pero no podéis pretender que el mundo se calle, aunque dejéis a los informadores en “pause”. Sois tan tontos que apestáis de lejos, y ni afeites, perfumes o inciensos disimulan vuestro hedor. Caeréis, no hoy, ni mañana, pero pasado sí, y si no al otro… torres más grandes han caído… y de dos en dos…

Tras el cristal

•10 noviembre 2010 • Dejar un comentario

Fuimos al zoo, los niños disfrutaron, ¡qué caramba!, también yo disfruté. No me gustan los animales, mejor dicho, me gustan los animales de lejos, en la tele, donde no los puedo oler ni ellos me pueden oler a mí. Es que con los bichos, la cosa se sabe como empieza pero nunca como acaba y un lindo gatito puede convertirse en un fiero felino de garras letales, ya no les digo nada lo que puede hacer un tigre de Bengala. En fin, como decía fuimos al zoo. Ahí los animales sí se huelen pero son inofensivos,  dan pena, mucha pena, bien colocaditos detrás del cristal para nuestro entretenimiento. Ahí, en sus jaulitas esperando a que les hagamos el mono… ¿quién observa a quién?.

Me imagino encerrado, cual chimpancé, levantando la mano y haciendo carantoñas para logar que la señora jirafa, o el señor león me lancen un BigMac… me imagino en nuestros micro habitad de cartón piedra aguantado los golpes en el cristal que propina el señor rinoceronte y las palmaditas que con la cola da el señor delfín.

Me imagino todas estas atrocidades, me enfundo mi camiseta “Recuerdo del zoo” y me siento a ver un documental de La 2, lógicamente me quedo dormido y sueño que soy un mono araña que enloquecido asesina a todos visitantes del zoo que osan dar golpecitos tras el cristal. ¡Qué se jodan!.

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La letra y la sangre…

•2 noviembre 2010 • Dejar un comentario

Mi hijo está aprendiendo a leer, no está siendo fácil, más bien al contrario. Cuando estoy con él, luchando con la fatalidad de los sonidos y las letras me vienen a la memoria mis primeras chanzas en esta actividad. Mi cartilla sebosa donde “mi mamá me mima”, y mi madre me gritaba, yo creo que menos de lo que yo grito a mi hijo. Todo esto me recuerda que debo estar haciéndome viejo y por eso aquello de que la letra con sangre entra… ya n o  me parece tan atroz.

Una especie de gusano en el estómago

•10 septiembre 2010 • 2 comentarios

La magnífica piscina continuaba vacía, en los tres días que llevaba allí no había visto bañarse a nadie, exceptuando el escueto chapuzón de la pareja de jubilados. Qué despilfarro.

Las gaviotas pasaban sorprendentemente cerca mientras apuraba la octava cerveza de la tarde, iba tan borracho que aún en el improbable caso de que por fin apareciese aquella puta yonki cutre famosilla del momento para mojar sus operadas pechugas en la playa sería incapaz de hacerle un foto decente, ni siquiera una mala.

Siempre quise ser un buen fotógrafo, desde que los de Pérez Fotógrafos acudían una vez al año al cole para hacernos la foto individual y de grupo que luego mis padres compraban a regañadientes y que aparecía en carteras y marcos de espejo de todos los familiares más cercanos.

Cursé los estudios necesarios para llegar a controlar el fascinante mundo de pintar con luz, realicé prácticas becadas en algunos rotativos de prestigio y he terminado como freelance, con mi coleta cana ciñéndome la nuca, hoy aquí, mañana allá, persiguiendo líos de faldas, mentiras de verdad o simplemente inventadas. El puterío más abyecto, en el que nada tienen que ver mis amadas putas de carretera y esquina, la mugre más mugrienta de la sociedad; buscavidas, chulos excluidos de la realeza, zorras presentes en todos los saraos, empresarios venidos a más y politiquillos venidos a menos.

Vivo bien, si para catalogar la vida tenemos en cuenta solamente los ingresos económicos vivo de puta madre. Al principio sentía algunas punzadas al obtener determinadas imágenes que sin duda dañarían a alguno o alguna de los retratados o retratadas, una especie de gusano en el estómago pero después de muchas tardes apostado en las terrazas de los hoteles, con mi ojo clavado en el visor de la cámara y el brazo entumecido por sujetar el teleobjetivo, después de la octava, novena o décima cerveza de la tarde el gusano está tan borracho que le suda los güevos si cae un cantante, un futbolista, una actriz o el arquitecto preferido de la Casa Real.

Un trago, un clic y otra contribución al fondo para mi jubilación que imagino tranquila tumbado en una playa, observado por el ojo atento de un tipo con una especie de gusano en el estómago.

Vivir bien

•9 septiembre 2010 • Dejar un comentario

Escribo desde la terraza de un hotel, frente al mar, escuchado buena música y el murmullo del mar de fondo. Tengo una copa de bourbon al lado del ratón y una cobertura excelente de mi línea adsl, mis hijos ya duermen, he cenado bien, mucho tal vez…

Tengo el cielo  estrellado por techo, el mar por paredes y nada que hacer excepto vivir…. ¿es esto vivir bien?… Tal vez sí, tal vez no, depende de para quién pero como no tengo ganas de pensar en nada, salvo en disfrutar del momento… simplemente viviré… dura tan poco… y es tan falso…

P.D.

Banda sonora “El nadador” Radio Futura

¡Qué viene el lobo!

•6 septiembre 2010 • Dejar un comentario

 

 

NO CUELA

Nuestros amigos abertzales airados y prepotentes nos proponen a estas alturas un alto el fuego. Coincide en el calendario con la salida al mercado de cientos de fascículos coleccionables de todo tipo y condición. Es la manera que nuestros amigos de la boina y la serpiente enrollada en el hacha tienen de intentar seguir en el candelero en esta nueva temporada, y claro, como ya no tienen nada que vender, ni que regalar, como ya no tienen nada que dar salvo pena…, pues eso es lo que dan pena, patética y simplemente pena.

Yo que una vez defendí el diálogo como única salida al manoseado conflicto vasco ahora digo, que se los folle un pez. Sus palabras valen lo que un pedo mío, nada, pura mierda. Nos han jodido muchas veces, nos han engañado, puteado y chuleado muchas veces. Si de verdad quieren dejarlo que lo dejen, sin decir nada, sin hacer ruido, sin buscar protagonismo, si llamar la atención… de lo contrario que se pudran en la puta cárcel.

No les hagamos publicidad, por favor, que se la ganen.

Tomates verdes… ¡frito!

•5 septiembre 2010 • Dejar un comentario

De tanto en cuanto me gusta follar, llámenme vulgar, vicioso o pringao, más lo último que lo anterior y bastante lo primero, a mi juicio. Al lío: tengo un jardín, perdón me retracto, tengo un proyecto de algo parecido a un jardín, un espacio que hay que llenar con grava, ja, cada uno se divierte como puede o incluso más. Es por eso que me paso el día tirando de carretillo y pala, que es de lo más entretenido; llenar y vaciar carretillos llenos de grava es, después de graparme los güevos con mi nueva grapadora eléctrica, mi afición preferida. Tanta dedicación a mi actividad jardineril hace inútiles mis aspiraciones primeras, un pringao, lo que les decía.

Si algún día acabo mi jardín, cosa improbable, si lo acabo digo, montaré un pequeño huerto, caprichos de la edá. Mientras llega ese día mis queridos papás se han montado en suyo; dos metros cuadrados de tomates capaces de eclipsar al resto del mundo.  Nunca una docena mal contada de tomates cobró tanta importancia. Puede que estén riquísimos, exquisitos, asquerosos, incomestibles o que no sepan a nada, ya se verá pero… de momento están verdes, verdes de la hostia, por mucho que nos empeñemos, por muy bien que bailemos y guisemos y guiemos a la tribu, por muy buenos que seamos y muy bien que lo hagamos todo, al final los tomates maduran cuando les sale de las pepitas y hasta entonces están verdes, ellos verdes y yo frito…

Tomates%20verdes

Me gusta follar…

 
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