Pantallas

El televisor de su dormitorio se puso en marcha con un suave “clic”. Lo tenía programado para que lo despertase cada día mostrándoles las cotizaciones de bolsa en el canal de economía.

En el baño, comprobó, tras orinar, su peso en la báscula, un rótulo azul de cuarzo líquido le dio malas noticias.

En la cocina, frente al frigorífico, dispuesto a prepararse el desayuno, comprobó en el pequeño monitor que tenía que comprar queso y cervezas. El display del mircoondas le anunció que su desayuno estaba listo.

Antes de salir de casa, comprobó la temperatura en la pantalla de la estación meteorológica. Demasiado frío, demasiada humedad. Conectó la alarma que protegería su hogar durante su ausencia. ALARMA ACTIVADA. Rezó el cacharro iluminándose.

Tardó un poco en encontrar su destino, se lo indicó al GPS de su coche. RUTA CALCULADA, le respondió con un rótulo fosforescente.

De camino a visitar al primer cliente del día realizó varias llamadas y unas cuantas más al llagar a su destino. Conectó su notebook para mostrarle al cliente algunos esbozos del proyecto que iba a desarrollar para él.

A la hora de la comida eligió el menú consultando la pantalla multitáctil del  tablet que le acercó el camarero. Siguió vagamente las noticias en el televisor de la cafetería del restaurante, mientras contestaba a varios mails.

Al llegar al edificio donde está su oficina se identificó colocando su mano sobre el monitor del terminal de la entrada. Pulso el 37 que se iluminó en la pantalla del ascensor, las puertas se abrieron suavemente. Su jefe estaba revisando la campaña de lanzamiento de un nuevo perfume en la pantalla del gran proyector de la sala de reuniones. Estuvo comentando con él algunos detalles que apuntó punteando sobre la pantalla de su smartphone.

De vuelta a casa eligió una música relajante en la pantalla del salpicadero de su coche.

 

Desconectó la alarma, conectó el televisor en el canal de economía, marcó el código para que el robot de cocina terminase de preparar la cena que le había dejado la asistenta en su ausencia. El monitor del frigorífico ya no marcaba carencia de cervezas así que se tomó una. Revisó las actualizaciones de su red social en el ordenador central de su casa.

Ojeó el último libro que había comprado en su lector electrónico mientras se tomaba el café, café que preparó pulsando el código en la pantalla de su cafetera último diseño.

Después de cenar se sentó en la enorme pantalla del salón, estuvo buscando alguna película que le gustase. Eligió una de ciencia ficción con una nave llena de pantallas parpadeantes que surcaba el espacio en busca de algún signo de vida inteligente. Se durmió antes de descubrir si lo lograban.

Tubo un sueño terrible. Un mundo el que no había ni una sola pantalla a la que asomarse. Por suerte el suave zumbido de su smartphone lo rescató de la pesadilla.

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~ por Mr.Saboka en 20 enero 2011.

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